El Tepeite

Foto: Jerónimo Emiliano, 2023

*Fragmento de Cuauhnáhuac-Chilango Triphop Blues, proyecto realizado con apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales

José Revueltas, frente a los perros del Parque Hundido, escribía en su libreta sobre una adolescente lesbiana que saltó de un sexto piso. El Androide, por su parte, veía pasar por el centro de Cuernavaca a un hada que iba a morir. Se encontraron en el río del Tepeite, donde el cause divide los senderos y las montañas artificiales. El primero viajó en el carro de un tren fantasma, porque en su tiempo todavía existía el tren y bajaba por donde la ciclovía. El Androide, por supuesto, llegó en Uber.

        –Le dicen acueducto. –Rompió Revueltas el cadente balance de los árboles—Pero no es otra cosa que un crimen ambiental.  –Y atizó su barba de chivo mientras avanzaba hacia una roca con paso de duende herido. El Androide lo miraba con lejanía generacional, dentro suyo una minúscula descarga eléctrica activó un algoritmo peligroso y una señal marcó la ubicación de aquel lugar que olía a sol y sabía a mosquitos.



En su interior la angustia empezó a tomar forma, era una revoltura de cemento y cal que espesa. Hacía falta ponerle nombre a esa hora, no por el escalofrío, sino por el calor que incendiaba las mejillas, igual que un rayo de sol reflejado en la nieve. Hacía falta, pues, hablar. Alzando el pecho y recogiendo un poco una mano, remitió el Androide a la primera mutación de anfibios y reprochó a Revueltas con una frecuencia sorda:

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        Mientras tanto, el río seguía erosionando con paciencia las centuriales rocas; el acueducto continuaba llevando su crimen a las manos fecales de los colonos.


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