Poemas que no podían ser canciones
En la vista de las piedras
un hombre feliz cava con los
ojos
entre las persianas de polvo
rasgadas por pájaros olvidados.
A un costado, una puerta roja
advierte de un veneno absurdo
abducido por el tiempo
marchito,
porque había que pelear
pero el tiro terminó hace
tiempo
y siempre ganaban los mismos.
En la vista de las piedras
no supimos esperar
en lugares adecuados.
Débiles, sin coro,
azotamos en el fondo del
desprecio,
porque quisimos ser especiales
y porque no lo éramos.
Desdichadas las libretas
que se deshacen, mal pegadas
y no vieron los días buenos
de un común ¿a dónde, sobrina?,
porque un scroll demente
absorbió el iris del caudillo
y es cierto que no hay remedio.
En el fondo, alguien se asume,
se limpia el sudor bajo el
sombrero
mientras un escorpión muere
en el colado de cemento
atrapado, y lo miran
en agonizante crack de
cangrejo.
Pero asoma, con todo, un día de
barro
de agua y de columpio.
En vista de las piedras
y de los helechos
de mantas que recuerdan buenos
tiempos.
Pero andan, también, ligeros
hombres de zapatos blancos,
de raíz y de costumbre.
En la vista de las piedras
de poemas que no podían ser
canciones
de satélites en flor
inalcanzable.
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